miércoles, 14 de julio de 2021

10 Kame /  11 Kej

Hoy quiero hablar sobre el amor de mis vidas. 

Ella, quien su sonrisa iluminó mi ser por tanto tiempo. 

Con quien proyecté mi vida completa, y lo hicimos juntas.

Con quien soñaba tener una casita a la orilla del mar y despertar todos los días a su lado. 

Con quien deseaba viajar y conocer el mundo en todas sus formas. 

Hasta que decidí partir. 


Yo decidí irme, soltar ese maravilloso amor que me transformó tantas veces. ¿Porqué?

Porque estoy herida. 

Porque tengo dentro de mí tristezas, venenos, rencores y dolores fuertes que no me dejan estar en plenitud. 

Porque en esa relación descubrí mis heridas de abandono, descubrí mis heridas de rechazo y los apegos fuertes que tenía. 

Porque tuve miedo de lastimarnos hasta terminar mal. 

Porque dicen los números de mi nacimiento que cuando algo se complica, huyo, evado o me encierro en mi dolor. 

Y estoy aquí, llorando a mares, recordando cada momento. Viendo nuestras fotos de viajes y momentos fascinantes que compartimos juntas. 

Ella, mi inspiración en tantas formas, en tantos momentos, en tantas vidas. 

Me cuesta creer que fui yo quien decidió partir. Pero aunque me coma este dolor, dentro de mí, muy dentro, sabía que sería lo mejor. 

Tengo miedo, porque no fue una mala relación. 

Tengo miedo de haberme equivocado y arrepentirme después. 

Pero siempre hay una voz que sobrepasa esos miedos. 

Sé que la amo. Sé que me ama. 

Pero entiendo que estamos lastimadas y necesitamos sanar. 

Dejo aquí este desahogo, porque lo necesito. 

Necesito plasmar en letras lo que me duele, lo que me quema por dentro. 

Porque ya no quiero necesitar a nadie ni depender de nada. 

Porque entiendo que el amor universal sano, suelta. 


Porque rectifico que no somos de nadie ni somos dueñas de nada. 

Pero honro nuestro proceso. 

Honro nuestra vida. 

Quisiera llamarla ahora mismo y decirle que lo siento mucho, que me perdone por las veces que la lastimé y dije cosas hirientes desde mi dolor y mi resentimiento. 

Pero no puedo, porque sé que solo dañaría su corazón, el cuál se está recuperando también. 


La vi una última vez, vulnerable, abriendo su corazón y diciendo: "¿Qué hago con esto que siento?" y no supe qué decir.


Ella era mi último vínculo profundo y duradero. 

Y me fui. Yo lo decidí. 


¡Cómo duele esta vida de transformaciones!

¡Cómo duele crecer, dejar morir lo viejo y abrir paso a lo nuevo!

¡Cómo duele soltar!

Ahora me queda caminar y continuar el ciclo de mi vida. 

Dejando que la tristeza entre y me limpie el alma. 

Y confieso que en fondo de mi corazón, desearía que hubiéramos podido cumplir nuestros sueños. 


Pero todo cambia, y yo cambié. 

La amo. 

La amo con mi ser completo. 

La extraño. 

Extraño verla a mi lado durmiendo tiernamente. 

Extraño despertarme con sus besos en mi cuello. 

Extraño acomodarme en la madrugada con su cuerpo abrazándome. 

Extraño planear un fin de semana de películas y comida. 

Extraño su compañía y su esencia. 

Extraño ese complemento que fuimos. 

Y ahora soy yo quien se pregunta, ¿qué hago con esto que siento?. 


¿Qué hago con esta tristeza de no poder estar como me gustaría?

¿Qué hago con este dolor de saberme distinta?


¿Qué hago con este miedo de entregarme a lo nuevo? 


Y la respuesta siempre es la misma:


SANAR. 

SOLTAR

AMAR.


Lo sigo intentando.

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